PORQUÉ Y CÓMO “AMAZON” VA A ASESINAR A “CASA DEL LIBRO”

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LA TIENDA

La semana pasada inauguraron la primera Casa del Libro en Santiago de Compostela. Después de varios años donde el sector librero ha sufrido una importante renovación en la ciudad, donde cerraron clásicos de la ciudad como Librería González, Abraxas, Universitas y, la más reciente de todas, Encontros, toda nueva apertura es motivo de alegría. Más cuando esta es una empresa, además, con experiencia en el negocio librero. Así que, ni corto ni perezoso, al día siguiente de la apertura -para evitar aglomeraciones e imágenes adulteradas del negocio-, allá que me fui.

Hora punta: 12:00. Sin clientela dentro. Únicamente una chica solitaria miraba desde un mostrador elevado, levantando sus gafas de la pantalla cuando sentía que algo se movía en el escaparate, y mecánicamente las volvía a bajar al instante. Nadie quiere que se note cuándo se está fisgoneando, y menos si es con tanto descaro. Sin ganas de sentirme como una modelo sobre la pasarela, me largué con viento fresco.

Hoy volví otra vez. A las 11:30 sí encontré gente. Un cambio positivo. El espacio es amplio y claro, pero hay escaleras demasiado altas y un espacio de rotura importante entre la entrada-mostrador y el grueso de las estanterías. Los perezosos verán problemas por todas partes, y hoy en día son además una especie subhumana abundante. Subo.

En esa entreplanta superior hay libros organizados  por secciones y orden alfabético del primer apellido de la persona autora,  a la altura de la mano, visibles y bien ordenados. Las novedades están en plataformas al pié de los mostradores, en pilas discretas. Me gusta. Empiezo a mirar los lomos y a buscar el apellido que me ha llevado hasta allí: Galdós. Ningún libro suyo. Primera mala señal. Doy un nuevo repaso, por si se me ha escapado algún libro solitario escondido. Nada.

A partir de ahí, fracasada la búsqueda, entro en fase de exploración y reconocimiento del terreno, y confirmo mis sensaciones iniciales. Salvo esa entrada desangelada y esa barrera en forma de escaleras, impuestas por el sentido del espacio disponible,  en todo lo demás se percibe el reinado de la ciencia comercial y el conocimiento empresarial del sector. La organización de la tienda es impecable, de manual. Hasta se sacrifica la altura de los estantes en aras de una mejor visibilidad y accesibilidad al libro, demostrando así su especial cuidado por la calidad de la experiencia.

Durante mi paseo veo que la sección de ensayo, ciencias, humanidades y demás, está en el sótano. Más escaleras. Bajo. El acceso es peor incluso que el de la entrada, tiene más escalones y es más estrecho, y al fondo se ven unas pocas estanterías. La primera impresión es mala. Una vez con los pies en el suelo, ves a tu izquierda un espacio amplio y bien iluminado, otra vez con los libros correctamente organizados en secciones lógicas… si bien no correctamente dispuestas (esto ya es cuestión de gustos). La imagen te devuelve una impresión mejor de la que imaginabas al ver el acceso. Respiro de alivio.

Aquí vuelves a hojear libros, mirando a ver si encuentras alguno que te sorprenda. Nada. Todo lo mainstream en primer plano, lo mismo que en todas las demás librerías solo que mejor organizado. Un poco desilusionado, vuelvo a subir. En el plano superior regreso sobre mis pasos y cojo dos libros a los que les había echado el ojo antes: Bienvenidos a Occidente de Mohsin Hamid y El fin del mundo y antes del amanecer de Inio Asano. Nuevo repaso para confirmar impresiones, y a pagar. Llegó la hora de irse.

EL PAGO

Tres cajas en el mostrador, pero solo una de ellas está activa. Espero a que otra persona, delante de mí, pague. Pasan cuatro minutos. Una chica agradable, por sus gafas diría que es la misma que oteaba desde la distancia el primer día que fui, me atiende. Lo primero es preguntarme si soy socio. No, no lo soy. ¿Le interesa? Puede. Me explica las condiciones: 5% de descuento en cada 25 euros de gasto y en las novedades del momento, aplicable solo a partir de los primeros 75€ de gasto, eso sí, sin tarjetas ni molestias adicionales. Le doy mis datos, aunque ya en ese momento dudaba seriamente de que me fuese a servir de algo alguna vez.

Antes de pagar, le comento que quería un libro de Galdós, Trafalgar, editado por Alianza en bolsillo. Lo vi en su web pero que no encontré en la tienda. Busca en el ordenador. Para ayudarle a precisar la búsqueda le digo que cuesta 9.20€ y tiene 184 páginas. Encuentra uno que coincide en autor, título y editorial, pero cuesta 9.30€ y tiene 234 páginas (creo que recordar). Me extrañó. ¿Dónde estaba ese libro en su web que yo no lo había visto? Como no costaba nada encargarlo y ver si era ese el que quería, y si no era se pedía otro, lo dejé reservado para verlo la próxima vez (y llevármelo si es el que quiero, claro).

Ahora sí, sin problemas, pago y me voy. Cuando llegué ese ejemplar de Trafalgar a la tienda me mandarán un SMS a mi teléfono.

AMAZON

Cruzo el umbral de la puerta con el pleno convencimiento de que, antes o después, Amazon acabará con Casa del Libro si no se renuevan de una vez. Mientras vuelvo a casa, se agolpan en mi cabeza los argumentos a favor de esta tesis. Aquí os los anoto:

  • Si tu oferta se limita a lo mainstream de cada materia o editorial o autor, por muchas secciones que tengas o editoriales que trabajes, siempre tendrá mucho más un almacén que una tienda. Con el añadido de que, por su mayor tamaño y mayor volumen de compra, siempre podrá obtener mejores precios que tú.
  • El almacén permite que seas tú quien imponga el sentido a los espacios de almacenaje, mientras que las tiendas impondrán el espacio disponible que tengan según su ubicación y características. Con todo lo que ello implica en cuanto a la experiencia del cliente y su valor, distinto y fluctuante según sea el caso.
  • La apuesta por el almacén exige apostar por la logística y la digitalización, si alguno de estos aspectos falla también lo hará el almacén. Por contra, la red de distribución propia que posee Casa del Libro le permite desviar sus atención a otros aspectos, como la experiencia del cliente. Pero este desvío trae consigo un problema mayor: en el cuidado del cliente no pueden competir con  las tiendas pequeñas, mientras que en la digitalización y la logística se están quedando atrás respecto a Amazon. Podrían quedarse en tierra de nadie si no apuestan decididamente por el futuro.
  • Además, los costes de mantenimiento de esa red de distribución propia están repercutiendo en el precio final que paga el cliente. Y eso los lleva a ser menos competitivos en precio.
  • ¿Porqué tengo que pagar antes 75€ para tener mi 5% descuento, si Amazon me lo aplica desde YA?
  • ¿Porqué tengo que hacer compras superiores a 25€ para tener ese 5% de descuento, si Amazon me lo aplica en CUALQUIER libro, independientemente de su precio?
  • ¿Porqué tengo que ir hasta la tienda a buscar el libro, y volver otra vez si no lo hay allí físicamente, y volver otra vez si no es esa edición la que quería, si Amazon me lo lleva a la puerta de MI CASA sin coste adicional, más allá del Premium de 19,90€/año -incluyéndome además en este precio ventajas y servicios gratuitos adicionales?
  • ¿Porqué en su web tengo una información y cuando llego a tienda tengo otra distinta, si Amazon me deja ver desde dónde sea la misma información del producto que después me van a enviar? No hay problemas ni costes de información.

Amazon se va a quedar con el negocio, si nadie lo impide, porque su cultura empresarial y su servicio están más claramente orientadas al futuro. Han dejado la inversión en la experiencia de compra a las tiendas minoristas, mientras desde su almacén pueden ofrecer otras ventajas competitivas donde, hasta el momento, se han mostrado como los más eficientes y eficaces: información clara del producto, valorada por los demás usuarios, envío rápido y a la puerta de casa, con un 5% de descuento permanente en todos los libros.

Casa del Libro se debate entre ser minorista o mayorista, una lucha entre ambas personalidades, y mientras la lucha existencial siga, otros le irán comiendo las papas poco a poco. Amazon ya ha abierto una ventana en su web para que las minoristas ofrezcan además sus productos a través suya. CdL necesita espabilar empresarialmente, dar un golpe en la mesa y apostar fuerte por el futuro. O eso o ir perdiendo batallas una a una, hasta la batalla final.

ANEXO 1: AL DÍA SIGUIENTE

A las 10:22 recibo un mensaje: “C.LIBRO-STGO.COMPOSTELA Le confirmamos su pedido XXX TRAFALGAR… en tienda. Disponible de 7 dias para recogerlo. Gracias.” Ni corto ni perezoso, me pongo en marcha hacia la tienda. No sin antes sorprenderme porque una empresa especializada del mundo de las letras cometa, en un mensaje corto, faltas de ortografía.

A las 10:46 entro por la puerta. Tras esperar a que otro cliente pagase, me atiende la misma chica de ayer. Le doy la referencia, la busca en un armario estrecho y alargado que tiene a sus espaldas, y cuando lo encuentra me lo saca para que le eche un vistazo. No hacía falta. Con la primera ojeada lejana ya sabía que no era ese libro. O Alianza ha estirado su colección de bolsillo, o es imposible que sea. Se trataba de una edición escolar de Anaya, de precio casi igual pero con un a edición notablemente peor (letra más apretujada y peor papel, sobre todo). Ella lamenta que no sea lo que quería. Pero yo me sorprendo todavía más: el día anterior le había dado todos los datos necesarios para identificar el libro correctamente. ¿Qué pudo pasar?. Mi conclusión: ayer se quedó con el título y el autor y, a la demás información que le di, ni caso le hizo.

Hoy lo hemos vuelto a intentar. Le he vuelto a repetir que quería la edición de Alianza de bolsillo. Creo que esta vez sí acertará. En todo caso, como escribía ayer, son estos problemas los que empeoran finalmente la experiencia y los que hacen que “Casa del Libro” tenga los días contados en el mercado mayorista de libros. Lo irónico es que si lo hubiese pedido por la web ya lo tendría aquí, al mismo precio, y a la puerta de mi casa.

Casa del Libro, ¡espabilad o moriréis! Último aviso.

ANEXO 2: SÍ… PERO NO

Como preveía, acertaron con el libro. Pero… no me llegó en las condiciones deseadas. No sé si os habrá pasado a vosotros pero, cuando Amazon me manda algo, siempre viene en las mejores condiciones (ni dobleces, ni páginas mal, ni portadas deterioradas…). La contraportada está doblada por la mitad, y alguna página tenía alguna doblez. Las comparaciones siguen siendo odiosas, pero los hechos cantan bastante por sí solos. Amazon ha ganado a Casa del libro en muchos aspectos, pero en aquel en que no compite, la atención al cliente y la sensación de la calidad en el servicio, tampoco han demostrado andar muy finos. Mal lo veo. Cada vez peor.

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PROXECTO “LIBERANDO LIBROS 2017”

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Nesta vida un vai lendo e lendo, e vai xuntando e xuntando, facendo algo semellante a unha biblioteca, ata que -cando menos o esperas- os libros saenche polas orellas. Algo así me pasa a min. Lector empedernido, lin que lin, xuntei que xuntei, e agora teño columnas de libros que non sei onde meter.

Para máis inri, nestes tempos ásperos e duros, un dáse conta que moita xente podería ter o hábito de ler, pero os días non están para gastar en libros. É máis importante comer que ler. E vestirse. E pagar a hipoteca. E aboar as facturas. Co que, os que estamos nesta situación, temos unha solución eficiente para desfacer as columnas ociosas e contribuír coa nosa comunidade repartindo e socializando.

Con este dobre obxectivo, a partir do 11 de setembro 2017 poño en marcha o proxecto persoal “Liberando libros 2017”.  Durante cada día deste mes, liberarei 1 libro pola cidade de Santiago de Compostela. Deixareino en distintos lugares de Santiago. E publicarei nas miñas redes sociais de qué libro se trata e onde o libero, para que as persoas interesadas podan facerse con el. Ademais, para que o libro non sofra, poderei deixalo en interiores ou exteriores, adaptando a liberación á climatoloxía prevista neste día.

Por outra banda, algún dos lugares será especial, curioso, extraño ou digno de verse. Así, mentres ides a polo libro do que se trate, tamén poderedes disfrutar do espazo no que se liberou. Por se non o coñecedes.

Os libros a liberar son variopintos. Fundamentalmente novela, claro, porque tamén é o que máis lin, pero tedes ensaios e mesmo algún libro universitario. O proxecto comezará coa liberación de El juego del ángel, de Carlos Ruíz Zafón.

Para saber máis sobre qué libro se libera cada día e onde vai a estar esperando por vós, seguídeme na miña conta de Twitter @frmartinezh ou no hashtag #LiberaLibroSantiago.

Vémonos na rúa! E, se me vedes deixando o libro do día, saudádeme e aínda falamos algo. Deica!

 

EL FALSO DEBATE SOBRE LA DEMOCRACIA

Los pseudodemócratas, desconocedores tan siquiera de qué es la democracia y qué mínimo común denominador exige para poder considerarse como tal (bastante más amplio y complejo que el considerado por ellos/as), exponen reiteradamente en los últimos tiempos algunos falsos debates que muestran, claramente, cuán grande es su desconocimiento -o demagogia- sobre la democracia. Veámoslos aunque sea rápidamente.

Directa vs. Representativa. Este es un falso debate porque, sencillamente, no son “distintas” la una de la otra. Es más, toda democracia necesita -para ser tal- algo de ambas. Los pseudodemócratas utilizan esta falsa dicotomía para construir un discurso elitista y repugnante. Según este discurso, más viejo que el TBO, la democracia directa es la esclava de las pasiones, y por tanto de las emociones, mientras que la democracia representativa es un freno decisorio, y como tal es más proclive a la razón que a la emoción. Falso.

Deliberación vs. Emoción. La segunda parte del discurso anterior extiende este argumento absurdo hasta vincular, exclusivamente, la deliberación a la representación, a los frenos decisorios. Solo razonamos, y deliberamos, cuando tardamos más en decidir algo: como si el factor tiempo mantuviese algún tipo de relación causal con la deliberación o con la razonabilidad. Otra estupidez sin sentido.

Democracia directa = Asamblearismo. Esta es una falsa analogía. El absurdo que la desenmascara es que la “democracia directa” es producto de un “demos”, por tanto de una unidad orgánica políticamente constituida. Mientras que la Asamblea tiene un origen heterogéneo (no homogéneo), espontáneo (no organizado), y políticamente caótico. Esta falsa analogía podría dotar de sentido al discurso elitista de los pseudodemócratas porque la asamblea sí tiene ese elemento caótico que su estúpido discurso precisa incorporar, y la democracia directa no posee.

Democracia Directa = Emoción = Populismo. Otro nuevo elemento entra en escena. Lo “popular” se describe como perverso, dentro de ese discurso que asocia a la emoción con lo visceral, con lo violento, con lo irreflexivo. Usted y yo somos parte de ese pueblo, de ese ser colectivo sin sentido común, entregado a la venganza y a la reacción. Solo tenemos que defender la “democracia directa”, y ya seremos parte de ese ser. Así de sencillo. Así de absurdo. Así de demagógico. Así de falso.

Todos somos seres humanos. Los que defienden las bondades de la democracia absoluta representativa (sin atisbo de voto directo), también. Esto nos iguala en una condición fundamental: la de poseer emociones y capacidad de raciocinio. ¿Quién asegura que estos absolutistas, puristas, defensores de una ridícula certeza travestida de verdad sobre la democracia representativa, no son precisamente ellos las víctimas de la sinrazón y la visceralidad?, ¿no es su miedo a los demás, a lo que podamos decidir entre todos, lo que mueve sus opiniones?, ¿no es su condena a la democracia directa, simplemente, una reacción ante una posibilidad de decisión que puede no gustarles y saben no son capaces de aceptar?

Y esto me devuelve al principio, a los mínimos exigibles de una democracia para poder ser tal. Aquí va un mínimo común denominador a todos los modelos de democracia posibles: la legitimidad del resultado. Sea directa o indirecta, todos los gobernados deben aceptarlo. Entonces, ¿no es este absolutismo representativista una manifestación discusiva fundamentada sobre la no aceptación de los resultados democráticos (directos)? Si se discute la democracia directa, se está discutiendo un mínimo común denominador. Lo mismo si se discuten sus resultados. Y eso sí que no es democrático, por mucha representatividad que se diga que se defiende.

ALGO DE ESPERANZA

Como todos os anos fun á Feira do Libro de Santiago de Compostela. A esperanza non a perdía a  pesar de que, ano tras ano, vía sempre o de sempre, ás librarías de sempre e cos títulos máis esperables dese mes. Pero este 2017 algo cambiou. Menos casetas, si, pero máis heteroxéneas. Vin atrevemento e ousadía en novas empresas e, especialmente, daquelas especializadas no cómic, a novela gráfica e o merchandising. Alita Cómics (Compostela) e Arigató (A Estrada) puxeron esa variedade.

Cruzo os dedos porque a Axenda da Feira, terriblemente tradicional, non acabe malogrando as cousas pero, sinceiramente creo, este é o camiño.

Ampliar o abano do literario introducindo, xunto aos xéneros tradicionais, máis variedade e máis atrevemento. Fáltanme charlas sobre novela gráfica e cómic, encontros para os afeccionados ao rol, mesmo acontecementos cosplay… Si, podo intuir os argumentos de quen cren que a banda deseñada está fóra da literatura; creo que se equivocan. Despois tamén están aqueles que cren que a banda deseñada debe ir por libre e independizarse dos demais; os feitos quítanlles a razón: a banda deseñada gañou sempre máis colaborando ca separándose.

Con todo, as esperanzas non deben permitirnos dar a batalla por gañada. Moitas cousas poden malograrse. Convén ser como o picapedreiro e insistir, sen descanso, en que menos casetas con máis variedade e unha Axenda máis dinámica, pode conseguir o que máis casetas e máis semellantes non conseguiron nos lustros anteriores.

Crucemos os dedos e insistamos. É o que hai.

LA CARA MALÉFICA DEL “DEFINIR”

Definir, ponerle nombre a las cosas y darle un significado (o más) a cada una, nos ayuda a sobrevivir. Es nuestra forma de sentir que dominamos el mundo, que no nos devora con sus fauces de desorden y caos. Además nos ayuda a construir nuestra atalaya societaria,  creando etiquetas que podamos compartir con los demás para estar seguros que, al referirnos todos a lo mismo, en nuestras relaciones mutuas reina la certeza, la estabilidad y lo predecible.

Sin embargo, definir tiene una cara maléfica de la que solo solemos darnos cuenta cuando, por desgracia, ya es demasiado tarde: dar marcha atrás en el proceso de definición resulta muy complicado (por no decir prácticamente imposible) una vez que ya se ha puesto en marcha. Pregunto: ¿qué pasa cuando nos equivocamos al darle un nombre, o un significado, o ambas cosas a la vez, a algo o a alguien?

Tal cuestión forma parte de nuestra cotidianidad. Todos, alguna vez, hemos afirmado o juzgado con demasiada rapidez, y nos hemos arrepentido al poco -o mucho- tiempo de haber pensado o haber dicho esto o aquello. Muchas amistades o amores se han roto porque hemos cometido alguna estupidez de este tipo. Y nos hemos arrepentido. Y nos hemos disculpado. Y hemos llorado…

Aun así, a pesar de haber recibido la lección una y mil veces, seguimos cayendo en el error constantemente. Simplemente, somos así. En nuestra naturaleza está el instinto de supervivencia del cual depende, cuan agua de mayo, el definir Lo Real cuanto más rápido mejor. Si a esto le sumamos el vivir en una sociedad de ritmo acelerado, en renovación acelerada, en cambio acelerado… la probabilidad matemática de que nos equivoquemos al definir crece prácticamente de forma exponencial. Lo que no es moco de pavo, precisamente.

Cuando el error es “pequeño” en sus consecuencias, tú “te jodes y punto”. Aprendes la lección, en la medida de lo posible, y sigues adelante.

Pero, ¿qué pasa cuando el error es “grande” o “mayúsculo”?, ¿qué sucede cuando una definición incorrecta acaba generando injusticias irreparables?, ¿quién debe pagar el pato?, ¿es viable el “joderse y punto”?. y las consecuencias de nuestros actos ¿no merecen algún tipo de reparación, más allá incluso del mero lamento o la disculpa ritual? La gente sufre, es agredida o mutilada o asesinada, a veces incluso con una extrema crueldad, porque “alguien” se ha precipitado definiendo Lo Real… y los demás se han precipitado aplicando las consecuencias de esa definición. ¿Qué hacer cuando esto pasa?

No seremos una humanidad digna de dar un nuevo paso adelante evolutivo hasta que no tengamos, por lo menos, una reflexión sobre esta cuestión humana fundamental.

 

PARARSE A PENSAR

I

Cuando la sal en la herida ahonda el dolor casi hasta ahogarte, sabes que ha llegado el momento de parar. Justo ahora, cuando más te duele, y quisieras gritar a los cuatro vientos, tienes que callar. Has sido guerrero, vuelves a ser mortal, tus huesos supuran sangre negra, color acero y olor a sal. Detente un momento y ponte a pensar, que puedes mejorar de lo que hayas hecho mal, cómo puedes evitar aquello dónde te has podido equivocar. Por mil años que pasen nunca podrás sentirte mal, por haberte parado a pensar en lo hecho antes de volver a empezar.

II

No temas, el tren volverá a pasar. Los viajes del destino tienen forma circular.

A PALOMA CHAMORRO, IN MEMORIAM

Hace muchos años, en una entrevista posiblemente ya olvidada, Paloma Chamorro dijo que su objetivo, con su periodismo cultural en TVE (cuando era la única cadena de Tv), era “ensanchar los límites de la libertad de expresión”.

Aquellos centímetros ganados con su trabajo, han encogido ahora. Y posiblemente tardemos décadas en volverlos a recuperar.

Todo se ha agriado demasiado. Todos nos hemos agriado demasiado. Tener razón, saber más que el de al lado, se ha convertido en un objetivo.De ahí que la conversación se haya encogido hasta casi desaparecer, mientras se extienden las discusiones con un volumen cada vez más estridente.

Perdemos libertad cuando permitimos substituirla por el respeto. No importa tanto decir lo que se quiera como decir algo que no escandalice a nadie. Lo políticamente correcto parece haber impuesto su imperio. Mala señal.

Mientras tanto, lo libre y transgresor, escandaloso y retador, se encuentra cada vez más agazapado, asediado en el rincón oscuro de la anomia. Ahí se agrían, junto a los sueños rotos y las oportunidades perdidas de quién pudo decir y no dijo, de quién pensó en hacer y no hizo.

La marcha de Palomo Chamorro nos recuerda, aunque sea a unos pocos solamente, que la libertad de expresión importa. Charlie Hebdo importa. Las realidades incómodas importan. El acceso a la información importa. La verdad importa.

Lo importante hay que defenderlo, con todo y hasta el final. Paloma Chamorro lo hizo, durante su vida y con su ejemplo. ¿Quién cogerá ahora su testigo? Cada uno tenemos ante nosotros una oportunidad. Aprovechémosla.