UNA VUELTA AL PASADO

El contexto mundial multilateral, impulsado extraordinariamente tras la IIª Guerra Mundial, y consolidado tras el fin de la Guerra Fría y la caída del Muro de Berlín -erigido sobre los hombros del conocido como “pensamiento único”-, atraviesa una intensa crisis. El sistema de organizaciones internacionales, de cooperación entre estados, de decisión multilateral y, especialmente, de resolución pacífica de controversias, está seriamente amenazado. Sus propios errores, a partir de problemas evidentes de legitimidad democrática y eficiencia económica, han despertado a su viejo antagonista dormido: el proteccionismo. Vuelven a la vida las viejas luchas.

La principal lucha en liza es la del internacionalismo contra el nacionalismo, la juridificación de la persona contra la jurificación del patriota, el diálogo basado en las similitudes (qué nos une) contra el diálogo basado en las diferencias (qué nos separa). En este contexto, el Estado-Nación recupera su protagonismo perdido, las estrategias multilaterales ceden ante las estrategias bilaterales, las zonas de influencia se substituyen por los polos y, en consecuencia, los actores internacionales del Estado-Nación vuelven a lógicas más basadas en su importancia geoestratégica (militar) que en su potencial económico-financiero (basado más en actividades de alto valor añadido, y menos en actividades primarias o industriales).

No es de extrañar, estando así las cosas, que las organizaciones internacionales con el futuro más comprometido sean, precisamente, aquellas donde la resolución de controversias y el multilateralismo son predominantes: el sistema ONU (OIEA, OIT, UNESCO…) y las instituciones derivadas directa o indirectamente de Bretton Woods (FMI, Banco Mundial, OMC…). Y las organizaciones internacionales con mayor capacidad de protagonismo, tanto en el futuro inmediato como a medio y largo plazo, sean aquellas de corte más claramente militar: la OTAN, fundamentalmente. Incluso resulte más significativo, para tener certezas de hacia dónde vamos globalmente, observar a las organizaciones que recuperan o adquieren protagonismo, que aquellas que lo pierden.

Lo más irónico de todo esto es que sabemos a Ciencia cierta que esta vuelta atrás hacia el nacionalismo, el proteccionismo y el bilateralismo, no va a funcionar. El s. XX ha dado numerosas muestras de su fracaso , en términos cuantitativos, y estremecedoras, en términos cualitativos. La IIª Guerra Mundial ha sido la más contundente. Entonces, ¿porqué lo estamos haciendo?, ¿porqué fundamentamos el fracaso del modelo neoconservador no en una corrección de errores, o en la búsqueda de nuevas e inexploradas alternativas, sino en la vuelta a viejas fórmulas ya conocidas por resultar fracasadas y catastróficas?, ¿cuánto tiempo más vamos a tener que desperdiciar antes de dejar atrás las viejas dicotomías y empezar a mirar al futuro con nuevas miradas?

Aunque desesperante, este revival de las viejas luchas, y de los viejos dramas y de los viejos fracasos, tiene una explicación: durante tres décadas, quienes no querían ni al nacionalismo ni al neoconservadurismo se han entretenido más en la oposición que en la construcción de alternativas. Ahora, que esas alternativas nos son imprescindibles para salir de esta lógica destructiva, cuando hacían falta nuevos esquemas a partir de los cuales salir de este atolladero, esas alternativas no están. Lógicamente, la izquierda política clásica tiene en esto gran parte de culpa. Obnubilados por el neoconservadurismo, por su propaganda económica y su lustrosa publicidad, renunciaron a seguir mirando al futuro, limitándose unos a gestionar el presente (socialdemocracia, le llaman), y otros a oponerse indignados a su gestión.

¿Y ahora qué? La única salida viable es empezar, ya, a construir esos esquemas, a promocionar esas nuevas ideas. Así, cuando el ciclo vuelva a cambiar, cuando el proteccionismo vuelva a confirmar por enésima vez su fracaso, quizás tendremos otro camino hacia el que virar distinto a los ya conocidos y que, por desgracia, solo saben llevarnos a la crisis y al fracaso.

Pongámonos cuanto antes a ello.

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