COMITÉ INVISIBLE: A NUESTROS AMIGOS (PEPITAS DE CALABAZA, 2014). REVISANDO EL ANARQUISMO.

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La semana pasada hablaba del libro de Sartori La carrera hacia ningún lugar (Taurus, 2016) y de cómo muchas de sus categorías y conceptos, en el análisis de la izquierda, resultaban hoy ridículamente anacrónicos. Una de mis razones es porque, aunque él tuviese su ancla conceptual en la década de los setenta, desde entonces la izquierda seguía avanzando extraordinariamente en el aspecto teórico. Pues bien, estamos ante uno de esos libros donde la izquierda demuestra una extraordinaria capacidad de análisis y de autotransformación.

A nuestros amigos (Pepitas de Calabaza, 2014) es la segunda obra del Comité Invisible (CI) después de La insurrección que viene (Melusina, 2009). Comité Invisible es un colectivo anarquista francés cuyos miembros y pertenencias son todavía controvertidas. Detenidos algunos de ellos por la policía francesa en 2008, tras un intento de sabotaje al tren francés de alta velocidad, le atribuyen la autoría de estos textos al activista político galo Julien Coupat. Pero hay un problema: en la escritura se perciben, claramente, más de dos manos y más de una cabeza.

 

ANARQUISMO: MUNDO Y PERSONA

El anarquismo se sitúa, a día de hoy, como una interfaz ideológica construida para regular la relación entre nosotros (las personas) y el mundo que nos rodea. Aparentemente sencillo, sí. No obstante, la dificultad de realizar una propuesta anarquista viable está en todos los intermediarios actualmente presentes: las estructuras sociales (familia, amistades, lazos de dependencia económicas…), las infraestructuras institucionales (los estados, las organizaciones internacionales, las corporaciones…), etc. Una alianza de intereses propios, ajenos al ser humano, que buscan transformar su vida, o por lo menos orientarla, en su propio favor -en otras palabras, buscan instrumentalizar la vida humana, desnaturalizándola y alienándola, hasta ponerla a servicio de esos intereses-.

El anarquismo surge del humanismo. Tanto en su perspectiva libertaria (reflexionar sobre el ser humano y las condiciones de su libertad), como en su perspectiva de lucha de clases (reflexiona sobre cómo derribar los obstáculos a la libertad del ser humano), es el desarrollo personal del ser humano, o la búsqueda de la felicidad, el epicentro de todo su discurso. Lo que hace distinto al anarquismo de otras perspectivas son varios elementos. Uno: su consciencia plena respecto a los aspectos sociopolíticos que determinan esa búsqueda/consecución de la felicidad. Dos: aunque introduce elementos comunitarios, pues la consecución de esa felicidad es una tarea colectiva, mantiene en el individuo su epicentro/eje. Tres: define en la comuna un entorno práctico-ideal donde las habilidades/capacidades de cada individuo alcanzan su realización y, durante ese proceso, también favorecen la realización de los demás. Por tanto, cuatro: el concepto de necesidad se relativiza o disuelve dentro del de realización.

A nuestros amigos resulta una reflexión teórico-práctica sobre cómo, en el contexto sociopolítico contemporáneo, derribar las estructuras e infraestructuras que se interponen entre la persona y el mundo que lo rodea, impidiendo su realización e, in fine, la conquista de su felicidad.

 

OBSTÁCULOS Y TRAMPAS

El anarquismo de lucha de clases, mucho más que el libertario, reflexiona sobre los obstáculos y trampas exógenos, que otros nos colocan en el camino para, como decíamos, instrumentalizar nuestras vidas en su favor. Este libro dedica parte de su texto a esta reflexión, y otra parte a los errores que la izquierda ha cometido (y comete) respecto a estos obstáculos y trampas.

La fragmentación de las luchas en la izquierda ha llevado, también, a la fragmentación de las fuerzas y de las técnicas. Mientras un buen luchador persigue siempre concentrar toda su fuerza en un único punto,  esta fragmentación de las luchas mantiene a la izquierda dividida y entretenida en distintos puntos: reduce su fuerza, su legitimidad y las posibilidades de victoria. Esta fragmentación es consecuencia, para el Comité Invisible, de una terrible pérdida de perspectiva respecto a cuál es el fin último de la lucha y, sobre todo, a cuál es la geografía del campo de batalla.

La globalización parece haber distorsionado extraordinariamente el mapa de coordenadas de la lucha política. Por un lado, se han introducido otros motivos de lucha que, en lugar de sumarse gregariamente en cuanto parte de la lucha principal, se han adoptado invididual y sumativamente. Por otro lado, se ha adoptado una construcción ideológica del espacio donde lo glocal (global+local) ha politizado todos los rincones del planeta, absorbiendo al espacio de la autonomía y la libertad humanas, restringiendo la lucha, marcando sus fronteras únicamente en base a sus intereses. En opinión de CI la única solución pasa por la recuperación del espacio y su reconstrucción, redefiniendo su uso no en base a las estructuras/infraestructuras que se interponen entre la persona y el mundo, sino desde la relación directa y equitativa entre ambos.

La dominación se esconde tras esta relación mediada entre el mundo y la persona. Desde las estructuras/infraestructuras mediadoras se ha impuesto la idea de una naturaleza peligrosa que “hay que dominar” (sentido inmanente de peligro o muerte). Si no dominamos el medio, él acabará con nosotros. Si no dominamos a nuestros semejantes, ellos podrían acabar con nosotros. Si no nos dominamos a nosotros mismos, incluso yo podría contribuir inconscientemente a mi propia destrucción. El miedo a la Otredad y el miedo a la Mismidad convergen en “el control como necesidad”. Un control dispensado ¿por quién?: por las mismas estructuras/infraestructuras que quieren utilizar nuestra vida para extender su control.

He aquí, entonces, la vuelta al paradigma anarquista: la lucha por la libertad se disputa a quién quiere arrebatárnosla. Y esta lucha no es material sino, fundamentalmente, de naturaleza ideológica.

 

LOS ERRORES DE LA IZQUIERDA

Si en una disputa entre dos partes, una parte acepta sin negociación las reglas de desarrollo de la otra, la disputa acaba antes de empezar pues, suponiéndose ambas partes iguales en derechos-deberes-oportunidades, una ya ha rendido su igualdad de inicio ante la otra. Este desequilibrio de partida afecta también a la legitimidad de la lucha, deslegitimando los motivos para la disputa incluso antes de empezar. La inevitabilidad de la derrota está casi servida.

Para el Comité Invisible la izquierda, y especialmente la izquierda negrista -pues, a diferencia de la socialdemocracia o el marxismo clásico, son más conscientes de la guerra en curso-, han adoptado una estrategia de rendición que solo los conducirá a la derrota. La indignación de movimientos como el 15M u Occupy Wall Street no tienen posibilidades de prosperar porque comienzan la lucha cediendo las reglas, las técnicas de lucha y el campo de batalla, al enemigo. Se adopta una perspectiva de resistencia o de alteridad o de oposición que, sin otras formas adicionales de lucha, no conducen más que a un callejón sin salida. Y ese callejón sin salida es una derrota sin paliativos.

El anarquismo del CI apuesta por abandonar la geografía política de la dominación, partiendo de una nueva ética humanista y, a partir de ella, de una nueva definición de Lo Real. La hermandad, la creencia y la confianza en lo que nos une, nos reconcilia con la Naturaleza. La humanidad no es hostil a la naturaleza, sino parte de ella. Ergo, su actitud ante ella no debe ser “hostil” (pues es una hostilidad dirigida contra nosotros mismos), sino de conciliación, de búsqueda de un lugar específico no con ella sino dentro de ella. Este proceso de búsqueda nos conducirá, irremediablemente, a una ética eficaz de lo común más allá de artificios teóricos o rendiciones parciales a categorías ajenas (delito achacado a Antonio Negri y secuaces), tendrá como consecuencia un decrecimiento efectivo y viable, basado en un nuevo marco de relaciones humanas más directo y solidario.

En síntesis, CI cree en una lucha basada no en aceptar la geografía del campo de batalla impuesta por esas estructuras/infraestructuras mediadoras, sino en una reapropiación del campo de batalla. El proceso no es la aceptación parcial de verdades ajenas, ni tampoco su simple oposición (indignada o no) desde las altas atalayas de la opinión pública, sino la toma del campo y su redefinición categorial y conceptual.

 

CONCLUSIÓN

Las lecturas teóricas generales de A nuestros amigos (Pepitas de Calabaza, 2014) resultan originales y atractivas, por cuanto albergan en su seno contundentes dosis de verdad y de realidad. Son tan analíticas como propositivas, alcanzando un equilibrio entre el ser y el deber ser. Además, albergan un profundo sentido crítico, ácido e incluso cruel a la hora de aceptar las derrotas afligidas, pero también realista a la hora de afrontar las posibilidades de victoria que todavía están en juego. Por eso es na lectura reflexiva y edificante, constructiva y posibilista.

Personalmente, creo que su análisis de la lucha en el campo de la izquierda da de lleno en muchos problemas realmente existentes: la aceptación parcial del discurso enemigo, la fragmentación de las luchas, la deslegitimación originaria de muchos combates consecuencia de esa aceptación parcial de las reglas del juego, el despiste respecto a los fines últimos del combate político, la confusión respecto a la geografía del campo de batalla, etc. La argumentación está construida con un hilo lógico coherente y bien llevado, sin contradicciones o callejones sin salida aparentes, que le aportan un interés mayor al de muchos otros textos de este tenor. Y por eso ha dotado al CI de una influencia creciente digna de tenerse en cuenta.

También resulta valiosa la coherencia y concreción en la propuesta de su proyecto anarquista. Lejos de la crítica pura, aporta una alternativa ética y moral, ideológica y práctica, que nos permite visualizar materialmente cuáles serían los ejes y aspectos principales de su propuesta. Eso sí, al tratarse más de una reflexión teórica que práctica, la viabilidad de su lucha nos queda algo coja. Hándicap resuelto de la forma menos original, y quizás más lógica, tratándose como se trata de una propuesta invisible con cierto halo de lógica clandestinidad: ya nos veremos en los bares y nos encontraremos en las calles, para discutir sobre eso.

Para mí, su análisis merece ser tenido muy en cuenta, especialmente a la hora de plantearnos la necesidad de una reconfiguración de la política práctica. Algo necesario si lo que buscamos es la felicidad, a partir de una idea concreta de la vida buena (que no la buena vida), y consideramos este fin como importante y fundamental.

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