¿IVA DEL E-BOOK AL 4%? ¡NO, HIJA NO!

Rubalcaba Feria Internacional Libro

La promesa de Alfredo Pérez Rubalcaba de rebajar el IVA del libro electrónico (ebook) al 4% no es nueva. Hace pocos meses, Ángeles González Sinde anunció la misma medida y, al final, Hacienda le acabó enmendando la plana. El argumento era (y es) razonabilísimo: no existe diferencia entre el libro de papel y el digital, ambos son “soporte” de un mismo producto y, como tal, el tipo de tributación no debe variar de uno a otro. Un ejemplo extremo: es tan absurdo como cambiar el IVA de la leche si va en brick o en botella de plástico.

La oposición a esta medida tiene, además, otros argumentos que conviene apuntar. Pues en la balanza del sentido común siempre pesará más la cordura cuantos más argumentos tengamos a su favor. Vayamos viéndolos uno po uno.

1. ¿De qué producto estamos hablando?: una parte central de este asunto, habitualmente capaz de generar mucha confusión, es la respuesta a esta pregunta. Cuando hablamos de un “libro”… ¿de qué tipo de producto hablamos? La respuesta habitual es que el “papel” o la “tableta” son soportes de un mismo producto: el texto o la composición visual que se vuelca por la imprenta en el libro, y por la empresa de electrónica en la pantalla. Sin embargo, la producción del producto no es la del papel o la pantalla SuperAMOLED, sino la que realizan los autores o artistas. Aquí es donde cobra todo su sentido el principio: mismo producto = mismo tipo impositivo.

2. El proceso de producción: del “book” al “ebook”. Una parte del argumento de Hacienda tiene su fundamentación en el proceso de producción. No tendría sentido hablar de un mismo producto, si existiesen procesos de producción distintos para cada uno de ellos, en cada soporte distinto. Pongamos otro ejemplo: un artista plástico no presenta el mismo producto si se realiza sobre piedra (escultura) o sobre lienzo (pintura). Ambos son soportes distintos, y por su proceso de producción también productos diferentes. Sin embargo, “del book al ebook” no hay ninguna diferencia en cuanto al proceso de producción, el texto o la creación visual se edita para adaptarlo al cambio de soporte o de formato pero todos ellos poseen, in esentia, el mismo proceso de producción creativa.

3. El caso del CD y USB a tipo superreducido. Los editores juegan a su favor con un truco técnico: el caso de la música (producto) y el CD/USB (soporte). La música es un mismo producto que, por volcarse en el soporte que se vuelca, accede a un tipo superreducido. ¿Porqué no el libro? Aquí entramos en aguas cenagosas que exige mirar críticamente a los editores y a hacienda. A los editores: que quieren aprovechar la complejidad del caso CD/USB para beneficiarse cuando, en su caso, no hay duda ni complejidad. Y a hacienda: que no ejerce coherentemente al diferenciar la tributación por producto o por soporte.

Esto nos llevará un poco más comprenderlo así que vamos a entrar, antes de nada, en los fundamentos de hecho de este caso extraño:

– CD o USB no son soportes puros, únicamente útiles para volcar obras y después consultarlas, sino mixtos, pues tienen otras utilidades o posibilidades.
– Una de estas posibilidades: el sistema de almacenamiento de todo tipo de datos, es clave en este asunto.
– Pues cuando un comprador adquiere un CD/USB… ¿qué está adquiriendo, el sistema de almacenamiento, o lo que contiene en el momento de la compra?
– La respuesta es que, considerando la transitoriedad del contenido, y que el continente si es perecedero, lo que debe primar como “producto” es el soporte físico, y no el contenido.
– La música, siendo un producto tan inmutable en su proceso de producción y forma como la literatura o los productos visuales, accede por su inmaterialidad a un tipo superreducido.
– Hacienda no distingue, en este caso, por el tipo de producto creativo, sino por el “soporte”, en base a la utilidad heterogénea y durabilidad del soporte respecto al contenido.

Consecuencias en el derecho: (a) mientras la durabilidad y materialidad del contenido en papel implica su acceso a un tipo de IVA más alto; (b) la transitoriedad del contenido en CD o USB permite a la música acceder a otro tipo impositivo de IVA superreducido; o sea (c) la falta de flexibilidad de Hacienda permite a los editores usar un argumento de forma torticera para conseguir aumentar su margen. Pero… ¿hay motivos para ello?

4. Bajar el IVA… ¿para qué? El establecimiento del IVA tiene carácter general aplicable a todos los productos de consumo, o sea, todo consumidor debe pagar el IVA en cada transacción adquisitiva que haga. El IVA se aplica universalmente al precio. La única salvedad es aquella relativa al tipo de producto: por ejemplo, cuando hablamos de un tipo de producto básico (de consumo masivo, por su necesidad universal, como el agua o pan), o con alguna sensibilidad especial (la vivienda se conecta, por ejemplo, con el derecho constitucional social del Título I a una “vivienda digna”), el IVA puede conocer importantes reducciones.

El IVA, igual que en el caso de la vivienda, tiene una bolsa de productos cuyo fin “social”, generalmente conectado con algún derecho constitucional fundamental o de gran importancia relativa dentro del marco jurídico general, abre el impuesto a la discrecionalidad. Unos productos u otros pueden beneficiarse de un tipo menor según sea el producto… o según le interese a la industria particular o al poder político de turno. Bien, llegó la hora de hacerse otra pregunta transcendental: ¿está el “book” (sea e- o no) dentro de esta categoría? Particularmente, mantengo un rotundo “no” basado en varios motivos particulares:

La “excepcionalidad cultural” es de aplicación muy relativa: el “book” es un soporte de contenido material facilmente reproducible y que, per se, está desprovisto de una inherencia cultural. O sea, en otras palabras, “toda cultura se expresa a través del “book”, pero no todo “book” expresa cultura”. La difusión cultural debe promoverse y defenderse, pero la aplicación universal al “book” en cuanto objeto no es el camino para conseguirlo.

Otras fórmulas son más eficientes para la “excepcionalidad cultural”: el financiamiento concreto a proyectos culturales difundidos a través del “book” (ayudas a la traducción, a proyectos editoriales concretos…) supone una de tantas fórmulas cuya direccionalidad y magnitud es más controlada y justa que la modificación del IVA, y que además promovería efectos más localizados e intensos en los objetivos que queremos conseguir.

Los efectos de bajar el IVA. Por todo lo anterior, no queda claro que un descenso en el IVA consiguiese (a) ni una mayor difusión cultural; (b) ni una mejora de la venta del “book”; (c) ni que ambos factores llegasen a relacionarse: subiese la venta de “book” y éstos contribuyesen positivamente a la difusión “cultural” -pues sabemos que no todo “book” expresa cultura.

5. ¿Y sobre el “ebook” en concreto… qué efectos tendría la rebaja? Tampoco aquí las cosas están tan claras como parece a primera vista. Es más, no están en absoluto claras. Lo que nos mosquea es la siguiente paradoja: si las cifras dicen que el “book” desciende y el “ebook” sube, y si el mercado asume que lo hace porque el público lector encuentra ventajas competitivas vencedoras en el “ebook” sobre el “book”… O sea, si se admite que la tendencia del mercado es a un cambio en las preferencias de lo electrónico sobre el papel, y que la tendencia crecerá con el tiempo… ¿a qué viene la reducción del IVA sólo para el libro electrónico?, ¿porqué? Todas las razones aducidas carecen de sentido.

Es más, si todas las editoriales distribuyen “ebooks” como conversiones electrónicas de “books”, o sea, no existe un mercado de “ebook” libre e independiente respecto a sus versiones analógicas… ¿qué sentido tiene esa rebaja? Aquí hay varios motivos malpensados sobre qué se podría buscar, realmente, con la rebaja:

– Ayudas encubiertas al sector editorial: aumentando el margen de beneficio para favorecer su adaptación o compensar la transición al “modelo digital” de negocio.

– Compensación de riesgos: es sabido el miedo del sector editorial a la pérdida de beneficios por la “piratería” del producto digital -con un cálculo de pérdidas probables varias veces mayor al establecido en el negocio “analógico” (fotocopias).

Cualquiera de ellas, ya sólo por su carácter opaco, sería totalmente desdeñable. Además, la irracionalidad y las falsas hipótesis que se asumen alrededor de la propuesta de reducir el IVA del “ebook” al 4% la hacen absolutamente desaconsejable. Otras fórmulas son más ricas en posibilidades y más eficaces a la hora de promover el “ebook” -si eso es lo que se pretende realmente. Una de ellas es poner al Ministerio de Cultura a trabajar, junto con las empresas del sector, en una verdadera plataforma de promoción del “ebook” que supere las, hasta ahora, improvisadas y fragmentarias plataformas particulares -todas ellas sumidas en el más rotundo de los fracasos.

Otra política mejor, es posible.

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