ALGO DE ESPERANZA

Como todos os anos fun á Feira do Libro de Santiago de Compostela. A esperanza non a perdía a  pesar de que, ano tras ano, vía sempre o de sempre, ás librarías de sempre e cos títulos máis esperables dese mes. Pero este 2017 algo cambiou. Menos casetas, si, pero máis heteroxéneas. Vin atrevemento e ousadía en novas empresas e, especialmente, daquelas especializadas no cómic, a novela gráfica e o merchandising. Alita Cómics (Compostela) e Arigató (A Estrada) puxeron esa variedade.

Cruzo os dedos porque a Axenda da Feira, terriblemente tradicional, non acabe malogrando as cousas pero, sinceiramente creo, este é o camiño.

Ampliar o abano do literario introducindo, xunto aos xéneros tradicionais, máis variedade e máis atrevemento. Fáltanme charlas sobre novela gráfica e cómic, encontros para os afeccionados ao rol, mesmo acontecementos cosplay… Si, podo intuir os argumentos de quen cren que a banda deseñada está fóra da literatura; creo que se equivocan. Despois tamén están aqueles que cren que a banda deseñada debe ir por libre e independizarse dos demais; os feitos quítanlles a razón: a banda deseñada gañou sempre máis colaborando ca separándose.

Con todo, as esperanzas non deben permitirnos dar a batalla por gañada. Moitas cousas poden malograrse. Convén ser como o picapedreiro e insistir, sen descanso, en que menos casetas con máis variedade e unha Axenda máis dinámica, pode conseguir o que máis casetas e máis semellantes non conseguiron nos lustros anteriores.

Crucemos os dedos e insistamos. É o que hai.

LA CARA MALÉFICA DEL “DEFINIR”

Definir, ponerle nombre a las cosas y darle un significado (o más) a cada una, nos ayuda a sobrevivir. Es nuestra forma de sentir que dominamos el mundo, que no nos devora con sus fauces de desorden y caos. Además nos ayuda a construir nuestra atalaya societaria,  creando etiquetas que podamos compartir con los demás para estar seguros que, al referirnos todos a lo mismo, en nuestras relaciones mutuas reina la certeza, la estabilidad y lo predecible.

Sin embargo, definir tiene una cara maléfica de la que solo solemos darnos cuenta cuando, por desgracia, ya es demasiado tarde: dar marcha atrás en el proceso de definición resulta muy complicado (por no decir prácticamente imposible) una vez que ya se ha puesto en marcha. Pregunto: ¿qué pasa cuando nos equivocamos al darle un nombre, o un significado, o ambas cosas a la vez, a algo o a alguien?

Tal cuestión forma parte de nuestra cotidianidad. Todos, alguna vez, hemos afirmado o juzgado con demasiada rapidez, y nos hemos arrepentido al poco -o mucho- tiempo de haber pensado o haber dicho esto o aquello. Muchas amistades o amores se han roto porque hemos cometido alguna estupidez de este tipo. Y nos hemos arrepentido. Y nos hemos disculpado. Y hemos llorado…

Aun así, a pesar de haber recibido la lección una y mil veces, seguimos cayendo en el error constantemente. Simplemente, somos así. En nuestra naturaleza está el instinto de supervivencia del cual depende, cuan agua de mayo, el definir Lo Real cuanto más rápido mejor. Si a esto le sumamos el vivir en una sociedad de ritmo acelerado, en renovación acelerada, en cambio acelerado… la probabilidad matemática de que nos equivoquemos al definir crece prácticamente de forma exponencial. Lo que no es moco de pavo, precisamente.

Cuando el error es “pequeño” en sus consecuencias, tú “te jodes y punto”. Aprendes la lección, en la medida de lo posible, y sigues adelante.

Pero, ¿qué pasa cuando el error es “grande” o “mayúsculo”?, ¿qué sucede cuando una definición incorrecta acaba generando injusticias irreparables?, ¿quién debe pagar el pato?, ¿es viable el “joderse y punto”?. y las consecuencias de nuestros actos ¿no merecen algún tipo de reparación, más allá incluso del mero lamento o la disculpa ritual? La gente sufre, es agredida o mutilada o asesinada, a veces incluso con una extrema crueldad, porque “alguien” se ha precipitado definiendo Lo Real… y los demás se han precipitado aplicando las consecuencias de esa definición. ¿Qué hacer cuando esto pasa?

No seremos una humanidad digna de dar un nuevo paso adelante evolutivo hasta que no tengamos, por lo menos, una reflexión sobre esta cuestión humana fundamental.

 

PARARSE A PENSAR

I

Cuando la sal en la herida ahonda el dolor casi hasta ahogarte, sabes que ha llegado el momento de parar. Justo ahora, cuando más te duele, y quisieras gritar a los cuatro vientos, tienes que callar. Has sido guerrero, vuelves a ser mortal, tus huesos supuran sangre negra, color acero y olor a sal. Detente un momento y ponte a pensar, que puedes mejorar de lo que hayas hecho mal, cómo puedes evitar aquello dónde te has podido equivocar. Por mil años que pasen nunca podrás sentirte mal, por haberte parado a pensar en lo hecho antes de volver a empezar.

II

No temas, el tren volverá a pasar. Los viajes del destino tienen forma circular.

A PALOMA CHAMORRO, IN MEMORIAM

Hace muchos años, en una entrevista posiblemente ya olvidada, Paloma Chamorro dijo que su objetivo, con su periodismo cultural en TVE (cuando era la única cadena de Tv), era “ensanchar los límites de la libertad de expresión”.

Aquellos centímetros ganados con su trabajo, han encogido ahora. Y posiblemente tardemos décadas en volverlos a recuperar.

Todo se ha agriado demasiado. Todos nos hemos agriado demasiado. Tener razón, saber más que el de al lado, se ha convertido en un objetivo.De ahí que la conversación se haya encogido hasta casi desaparecer, mientras se extienden las discusiones con un volumen cada vez más estridente.

Perdemos libertad cuando permitimos substituirla por el respeto. No importa tanto decir lo que se quiera como decir algo que no escandalice a nadie. Lo políticamente correcto parece haber impuesto su imperio. Mala señal.

Mientras tanto, lo libre y transgresor, escandaloso y retador, se encuentra cada vez más agazapado, asediado en el rincón oscuro de la anomia. Ahí se agrían, junto a los sueños rotos y las oportunidades perdidas de quién pudo decir y no dijo, de quién pensó en hacer y no hizo.

La marcha de Palomo Chamorro nos recuerda, aunque sea a unos pocos solamente, que la libertad de expresión importa. Charlie Hebdo importa. Las realidades incómodas importan. El acceso a la información importa. La verdad importa.

Lo importante hay que defenderlo, con todo y hasta el final. Paloma Chamorro lo hizo, durante su vida y con su ejemplo. ¿Quién cogerá ahora su testigo? Cada uno tenemos ante nosotros una oportunidad. Aprovechémosla.

CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA: SÍ, PERO NO ASÍ

Una constitución, entendida como una ley fundamental, una base sobre la que asentar el presente y el futuro de una comunidad política (no necesariamente democrática, ojo!), es imprescindible para cualquier forma de convivencia pluralista basada en la paz. La Constitución recoge la letra, y debería recoger también el espíritu, de un pacto entre las personas y grupos cuya convivencia formaliza. Y aquí llega algo importante: es este pacto el que construye y constituye a la “comunidad política”, y no al revés. Los “constituyentes” eligen denominarse X y formalizar su pacto en base a Xi condiciones, NO al revés.

El hecho último del origen de las constituciones es que los pueblos se hacen a sí mismos a través del diálogo y el acuerdo. Ni se hacen desde una élite, ni se diseñan desde algún manual. Esto es así porque el acuerdo constitucional, para validarse, necesita incluir a la mayoría cualificada de los sujetos afectados por ese acuerdo. Viene siendo algo así como una comunidad de vecinos: imaginad el desgobierno de acordar normas comunes, que afectan al conjunto de forma fundamental, sin el conocimiento y/o el consenso de la mayoría de vecinos/as.

Hoy, la Constitución Española afronta su 38 cumpleaños en un contexto complejo. Pues es obvio que el texto necesita actualizarse: el tiempo ha pasado y muchos de los avances, y retrocesos, producidos desde 1978 (cuando entró en vigor), han dejado lecciones valiosas de imprescindible incorporación al pacto básico de convivencia que es la Constitución. Algunas incorporaciones imprescindibles: reforzar los derechos fundamentales, incorporar derechos civiles derivados de la democracia y la sociedad de consumo, la precisión respecto al funcionamiento “democrático” de los partidos, el ajuste del modelo cameral español (el Senado está completamente desdibujado), etc.

A esto se deberían añadir otros aspectos necesarios de debate.

Pero lo importante no está en qué debe cambiar, eso es cuestión de otros muchos post, sino de cuándo y quién debe afrontar esa reforma.

Con el cambio del art. 135 a partir del compadreo de los partidos mayoritarios, y las dudas de su legitimidad, además de las consecuencias negativas derivadas de un cambio ausente de reflexión y debate, se nos devuelve a la base del pacto constitucional: no hay validez (ni gobernabilidad) posible sin una inclusión mayoritaria de los afectados por ese acuerdo. Esto no son solo los partidos sino, y fundamentalmente, los sujetos. No podemos confundir al representante con el representado, ni equipararlo, ni considerar que el % de voto de uno representa su nivel de apoyo en todas las cuestiones planteadas. La democracia se fundamenta en la inclusividad, la información, el debate y la reflexión.

A este hecho debemos sumar otra cosa: si las sociedades cambian, pues los recambios generaciones y los hechos tienen un impacto en el presente y el futuro de las comunidades políticas, los cambios del texto deben incluir a estas nuevas generaciones y a las lecciones aprendidas de estos hechos. O, en otras palabras, ni los nuevos partidos ni los nuevos temas deberían excluirse del debate constitucional. Cualquier exclusión sería una quiebra a la legitimidad tan básica que, incluso, podría poner en peligro la aceptación del pacto constitucional alcanzado.

La Constitución Española debe reformarse, pero no de cualquier manera, y menos todavía de la forma puesta en práctica durante la reforma del art. 135. Debe ser el dialogo, no el compadreo, el método fundamental para entrar, con un nuevo texto constitucional, en un nuevo tiempo en el que YA estamos viviendo.

UNA VUELTA AL PASADO

El contexto mundial multilateral, impulsado extraordinariamente tras la IIª Guerra Mundial, y consolidado tras el fin de la Guerra Fría y la caída del Muro de Berlín -erigido sobre los hombros del conocido como “pensamiento único”-, atraviesa una intensa crisis. El sistema de organizaciones internacionales, de cooperación entre estados, de decisión multilateral y, especialmente, de resolución pacífica de controversias, está seriamente amenazado. Sus propios errores, a partir de problemas evidentes de legitimidad democrática y eficiencia económica, han despertado a su viejo antagonista dormido: el proteccionismo. Vuelven a la vida las viejas luchas.

La principal lucha en liza es la del internacionalismo contra el nacionalismo, la juridificación de la persona contra la jurificación del patriota, el diálogo basado en las similitudes (qué nos une) contra el diálogo basado en las diferencias (qué nos separa). En este contexto, el Estado-Nación recupera su protagonismo perdido, las estrategias multilaterales ceden ante las estrategias bilaterales, las zonas de influencia se substituyen por los polos y, en consecuencia, los actores internacionales del Estado-Nación vuelven a lógicas más basadas en su importancia geoestratégica (militar) que en su potencial económico-financiero (basado más en actividades de alto valor añadido, y menos en actividades primarias o industriales).

No es de extrañar, estando así las cosas, que las organizaciones internacionales con el futuro más comprometido sean, precisamente, aquellas donde la resolución de controversias y el multilateralismo son predominantes: el sistema ONU (OIEA, OIT, UNESCO…) y las instituciones derivadas directa o indirectamente de Bretton Woods (FMI, Banco Mundial, OMC…). Y las organizaciones internacionales con mayor capacidad de protagonismo, tanto en el futuro inmediato como a medio y largo plazo, sean aquellas de corte más claramente militar: la OTAN, fundamentalmente. Incluso resulte más significativo, para tener certezas de hacia dónde vamos globalmente, observar a las organizaciones que recuperan o adquieren protagonismo, que aquellas que lo pierden.

Lo más irónico de todo esto es que sabemos a Ciencia cierta que esta vuelta atrás hacia el nacionalismo, el proteccionismo y el bilateralismo, no va a funcionar. El s. XX ha dado numerosas muestras de su fracaso , en términos cuantitativos, y estremecedoras, en términos cualitativos. La IIª Guerra Mundial ha sido la más contundente. Entonces, ¿porqué lo estamos haciendo?, ¿porqué fundamentamos el fracaso del modelo neoconservador no en una corrección de errores, o en la búsqueda de nuevas e inexploradas alternativas, sino en la vuelta a viejas fórmulas ya conocidas por resultar fracasadas y catastróficas?, ¿cuánto tiempo más vamos a tener que desperdiciar antes de dejar atrás las viejas dicotomías y empezar a mirar al futuro con nuevas miradas?

Aunque desesperante, este revival de las viejas luchas, y de los viejos dramas y de los viejos fracasos, tiene una explicación: durante tres décadas, quienes no querían ni al nacionalismo ni al neoconservadurismo se han entretenido más en la oposición que en la construcción de alternativas. Ahora, que esas alternativas nos son imprescindibles para salir de esta lógica destructiva, cuando hacían falta nuevos esquemas a partir de los cuales salir de este atolladero, esas alternativas no están. Lógicamente, la izquierda política clásica tiene en esto gran parte de culpa. Obnubilados por el neoconservadurismo, por su propaganda económica y su lustrosa publicidad, renunciaron a seguir mirando al futuro, limitándose unos a gestionar el presente (socialdemocracia, le llaman), y otros a oponerse indignados a su gestión.

¿Y ahora qué? La única salida viable es empezar, ya, a construir esos esquemas, a promocionar esas nuevas ideas. Así, cuando el ciclo vuelva a cambiar, cuando el proteccionismo vuelva a confirmar por enésima vez su fracaso, quizás tendremos otro camino hacia el que virar distinto a los ya conocidos y que, por desgracia, solo saben llevarnos a la crisis y al fracaso.

Pongámonos cuanto antes a ello.

COMIENZA EL DESALINEAMIENTO EN ESPAÑA

Ya ha salido el primer CIS tras la crisis del PSOE (29 set. a 1 de oct.) y previo a la decisión de abstenerse para apoyar al PP. En cuanto a la intención de voto, tanto directa como indirecta, se confirma lo que decíamos hace poco respecto a la posibilidad de asistir a un desalineamiento en el sistema de partidos español. Lo vemos en los siguientes datos:

  • El PSOE se desploma desde el 23% estimado en el CIS anterior, hasta el 17% estimado en el actual. Una caída notabilísima en un tiempo reducido que es mucho más notable que en las anteriores crisis de liderazgo socialista, tanto en momentos de vacío de poder (1996, salida de Felipe González), hasta los casos de liderazgo dividido (especialmente en 1999, Borrel vs. Almunia). La hipótesis de esta mayor caída: no se trata solo de una diferencia de liderazgo, sino de una partición respecto a valores, principios y posiciones políticas relevantes en la construcción del sistema de partidos.
  • Nadie aprovecha la caída del PSOE: la izquierda desalineada no está todavía realineada en otras opciones. Aquí la palabra clave es “todavía”. Como todo proceso social, el tiempo en que se desarrolla es lento, precisa una larga maduración. Este electorado flota ahora entre la abstención (20%) y la indecisión (12%). Muy pocos van a otras fuerzas políticas. Sin embargo, es importante tener clara una cosa. Si estamos ante un proceso de desalineamiento, estos votos se irán “a otro lado”. Y si es una crisis coyuntural, estos votos “volverán a casa”. Mi hipótesis: estos votos no volverán al PSOE. Del 100% de votantes del partido el 26J, solo el 55% le era fiel antes de la abstención. Me consta que, ahora mismo, ese porcentaje es inferior al 45%. Veremos en el futuro cuál es la tendencia.
  • Los jóvenes abandonan al PSOE. Efectivamente, son los grupos demográficos más jóvenes los que demuestran una mayor distancia, o menor identificación, con el Partido Socialista. Este proceso no tiene vuelta atrás, estos grupos ya tienen una edad donde la “reidentificación” no es una opción. A su vez, esta identificación impulsará cambios en otras generaciones o grupos, tanto posteriores (los jóvenes que vienen) como anteriores (sus padres y/o sus abuelos). Ahora solo quedan por dilucidar dos cosas: el ritmo conque se produce este cambio, y la relevancia que tiene para el sistema de partidos (si estas generaciones no votan, no hay cambio significativo o su magnitud se reduce).
  • El PP sube muy poco a poco… y Ciudadanos se consolida. Cs juega en otra liga. En la derecha española los cambios son mucho más complicados, sobre todo porque se producen a un ritmo mucho más lento. ¿La razón? Las generaciones más maduras tienen en la mente, y muy frescas, las consecuencias del colapso de UCD: la irrelevancia de la derecha en España durante 14 años (1982-1996). Por eso, sus pasos a la hora de castigar a la única formación de referencia en la derecha española se miden muy bien, no se vaya a infligir un castigo excesivo o de consecuencias más negativas de lo necesario. Con este panorama, el PP consolida una pérdida de 12 puntos de intención, que retiene Cs, y que da muestras de un posible cambio sostenido en la derecha a medio plazo. ¿Volverá el PP a cuotas del 40% de voto o superior? Ahora mismo, parece difícil.
  • El sorpasso de Podemos tiene pinta de poder consolidarse. Si esto es así, si asistimos a un ciclo político corto y volvemos a elecciones generales antes de acabado 2018, el sorpasso podría consolidarse y tener unas consecuencias muy notables en el sistema de partidos. La primera y más importante: acelerar la desintegración del PSOE. Al Partido Socialista solo le queda una carta: navegar en una legislatura larga y que las municipales y autonómicas se produzcan antes que unas nuevas generales. Previsiblemente, el desgaste en el gobierno de Podemos y sus confluencias podría ayudar a un reajuste electoral que, quizás, pudiese ayudarles a recuperar “algo” del voto perdido. Cualquier otra opción es muerte.

El último CIS nos ha dado datos coherentes con la teoría del desalineamiento político. Del mismo modo, las encuestas inmediatas o posteriores a la abstención del PSOE parecen confirmar esta tendencia: el PSOE se desploma hasta el tercer o cuarto partido en España -alguna encuesta no publicada sitúa a Cs unas décimas por encima del PSOE-. Con todo, serán los datos que obtengamos a partir de ahora los que nos permitirán observar si, efectivamente, vamos hacia un nuevo sistema de partidos, o estamos simplemente ante la crisis coyuntural del viejo sistema.

El tiempo dará o quitará razones pero, personalmente, me mantengo en la primera opción.

España camina hacia una nueva era democrática, hacia un nuevo sistema de partidos. Posiblemente, los nuevos actores deban todavía experimentar alguna que otra vuelta de tuerca para competir con los demás. Pero, sin duda, los partidos tradicionales tienen también los días contados en cuanto a su rol hegemónico, capacidad monopolística de maniobra y liderazgo de la opinión pública. Un nuevo tiempo se asoma y, antes de que entre por la puerta, estamos asistiendo a los últimos rescoldos del viejo sistema que se está yendo con estrépito por la ventana.